Después de una semana intensa de trabajo y eventos en Ciudad de México, el equipo de VelaFi se tomó unas horas para hacer algo completamente distinto.
Nos alejamos de las pantallas, los dashboards y las reuniones, y entramos en una cocina.
Nuestro destino fue Aura Casa, un estudio culinario en Villa Coyoacán, uno de los barrios más vibrantes e históricos de Ciudad de México. Coyoacán, cuyo nombre suele traducirse del náhuatl como “lugar de coyotes”, es conocido por sus profundas raíces culturales y por sitios emblemáticos como el Museo Frida Kahlo (Casa Azul) y el Museo Casa de León Trotsky.
La dinámica era simple: dividir al grupo en dos equipos y asignarle a cada uno un menú para preparar.
A partir de ahí, la cocina se llenó rápidamente de tablas para picar, ollas hirviendo a fuego lento, risas y algún que otro momento de caos organizado. Al igual que construir una empresa, cocinar en equipo requiere coordinación, técnica, comunicación y la confianza de que cada persona cumplirá su papel.
Y, por supuesto, la recompensa al final fue igual de simple: sentarnos a disfrutar la comida que habíamos preparado nosotros mismos.
Algunos de los momentos más memorables surgieron de los pequeños detalles.
En un momento, hicimos lo que en broma llamamos una “cirugía del chile”, aprendiendo cómo distintas partes del chile influyen en el nivel de picor de una salsa. Las semillas, las venas, la pulpa: cada elemento modifica el sabor de manera sutil.
También aprendimos un truco práctico de cocina: después de manipular chiles, frotarse las manos con aceite de oliva y sal ayuda a neutralizar el picor.
Fue un recordatorio de que la gran cocina, al igual que los grandes sistemas, muchas veces depende de comprender los componentes más pequeños.
Lo que más destacó no fue solo la comida, sino el espíritu que se vivía en el ambiente.
La cocina mexicana transmite un fuerte sentido de tradición y emoción. La comida está ligada a la familia, a la celebración y a la vida cotidiana. Esa energía se sentía en la cocina. Un equipo bailaba mientras colocaba los mextlapiques en la olla. Otro pedía deseos mientras sazonaba la salsa para el pollo.
Esos pequeños rituales aportaron una magia silenciosa a la experiencia, transformando una clase de cocina en algo más significativo y memorable.
Cada platillo que preparamos llevaba consigo su propia historia.
Pan de elote: preparado con maíz dulce fresco, leche, huevos y mantequilla, este postre es conocido por su intenso sabor a maíz y su textura suave y húmeda.
Sopes: un clásico muy querido de la cocina cotidiana mexicana: bases gruesas de maíz con bordes pellizcados, cubiertas con frijoles, salsa, carnes o guisos.
A lo largo de la sesión, la chef fue rotando un rol de “control de calidad” para mantener a cada equipo enfocado y en buen ritmo. En la cocina fue algo lúdico, pero también un pequeño recordatorio de cómo funciona realmente el trabajo en equipo: coordinación, responsabilidad compartida y confianza en el rol de cada persona.
En VelaFi, nos apoyamos en esos mismos principios todos los días, cada equipo cumple una función distinta, pero todo está estrechamente conectado, trabajando en conjunto para ofrecer una experiencia fluida y bien ejecutada a nuestros clientes.